El diseñador melbourniano Robbie Walker ha completado una de las propuestas arquitectónicas más singulares del paisajismo australiano reciente: una cabaña de acero elevada sobre cuatro pilotes esbeltos en el interior denso de un bosque de gomas en Sawmill Settlement, Victoria, que funciona simultáneamente como refugio antiincendios, escultura y espacio de meditación. El proyecto se llama Sawmill Treehouse, y su existencia plantea preguntas incómodas sobre cómo debería construirse en territorios hostiles, cómo el minimalismo puede ser una decisión ética antes que estética, y hasta dónde llega la responsabilidad de un arquitecto cuando construye en el umbral del desastre climático.
El Paisaje Como Condicionante Absoluto
Sawmill Settlement no es un destino turístico convencional. Se trata de una pequeña comunidad de cabañas y chalets de madera maciza o mampostería pesada situada a los pies del Monte Buller, en el borde del Parque Nacional Alpine, al noreste de Melbourne en lo que localmente se conoce como el «High Country». El lugar carece de supermercados, de canalizaciones pluviales oficiales y de casi cualquier infraestructura urbana; sus propietarios son, en su mayoría, esquiadores de invierno que usan las propiedades durante pocos meses al año. La comunidad está engullida por un antiguo bosque de snow gums, y el silencio que describe la crítica Nyoah Rosmarin en Architecture AU —»callado pero no aislado»— captura perfectamente una geografía que parece construida para la reclusión, pero que está permanentemente expuesta a dos amenazas mayores: las inundaciones por escorrentía en las laderas y los incendios forestales de una violencia que Europa rara vez imagina.
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La parcela específica donde se asienta la Sawmill Treehouse está ubicada en la confluencia de dos pendientes naturales, en el interior de un barranco que actúa como canal de drenaje natural para las lluvias de toda la zona. Walker se enfrentaba, pues, a un terreno que en invierno puede inundarse desde abajo y en verano puede arder desde arriba, con una clasificación oficial de Bushfire Attack Level 40 (BAL 40) que representa el segundo nivel más severo de riesgo pirológico en el sistema australiano, justo por debajo del infame BAL FZ (Flame Zone). En esas condiciones, construir con los materiales habituales no solo resulta insensato: en muchos casos es directamente ilegal.
La Decisión del Pilote: Elevarse Como Estrategia
La respuesta de Walker al doble problema del agua y el fuego fue radical en su sencillez conceptual: elevar la estructura principal sobre cuatro pilotes de acero alargados, dejando libre la planta baja para que personas, vehículos y agua de lluvia puedan circular con total libertad por debajo. La vivienda elevada mide 12 metros de largo por 4 metros de ancho, una proporción marcadamente lineal que la hace parecer, según las propias palabras del diseñador, «una escultura en los árboles». El programa es deliberadamente austero: un dormitorio, un baño, una cocina y una sala de estar. Nada más, y el diseñador defiende esa austeridad como una posición moral antes que presupuestaria.
La elevación genera además una relación con los árboles circundantes que ninguna casa a nivel del suelo podría conseguir. Los cuatro pilotes de acero se alinean visualmente con los troncos de los eucaliptos, disolviendo la frontera entre estructura artificial y estructura natural, de modo que el conjunto no interrumpe el bosque, sino que participa de él. Crucialmente, ningún árbol fue talado durante la construcción, un dato que Walker menciona con orgullo y que en el contexto de una zona BAL 40 no es un capricho ecologista, sino una estrategia de camuflaje: la masa forestal existente actúa como cortafuegos perimetral más eficaz que cualquier tratamiento ignífugo de fachada.
En planta baja, sobre el terreno más plano adyacente, Walker construyó un pabellón auxiliar que aloja la cochera, una cocina exterior con una terraza de malla de acero, lavandería, almacenaje y un segundo baño. Esta solución permite separar las funciones «sucias» y de servicio de la habitabilidad principal, resolviendo además la logística de un terreno con pendiente pronunciada sin necesidad de movimientos de tierra agresivos.
El Acero Corten Como Material de Síntesis
En una zona clasificada BAL 40, la madera estructural en el exterior está directamente prohibida por la normativa australiana de construcción en zonas de riesgo. Esto elimina de entrada el lenguaje vernáculo de Sawmill Settlement, donde predominan los chalets de troncos y las fachadas de pino. Walker optó por el acero corten, también conocido como COR-TEN, un acero de baja aleación que desarrolla una pátina de óxido superficial estable que actúa como capa protectora impidiendo la corrosión profunda del metal. El resultado visual es un marrón oscuro envejecido que, lejos de desentonar con el bosque, lo mimetiza: los tonos terrosos del corten replican los colores de la corteza de los gums y de las rocas volcánicas de la zona.
Pero el corten no solo resuelve el problema del fuego. Walker lo utiliza en forma de lamas, unas láminas alargadas que revisten las paredes, el techo y la cara inferior de la vivienda dejando una separación calculada entre ellas. Esas lamas cumplen tres funciones simultáneas: en primer lugar, generan sombra sobre la envolvente metálica para evitar el sobrecalentamiento del acero en los veranos australianos, un problema que en un edificio convencional de acero visto obligaría al uso de aire acondicionado; en segundo lugar, el espacio entre lamas permite que el aire circule sobre la piel del edificio como si fuera una cámara ventilada continua, evacuando el calor por convección natural; en tercer lugar, las lamas tamiza la luz solar de una manera que Walker compara explícitamente con el efecto de las hojas de un árbol, generando un patrón cambiante de sombras y reflejos en el interior que convierte al propio bosque en el protagonista de la experiencia visual desde adentro.
Este sistema pasivo de climatización elimina la necesidad de aparatos de aire acondicionado a pesar de que el acero es, por naturaleza, uno de los materiales más conductores del calor disponibles en construcción. La paradoja es la esencia del proyecto: se usa acero precisamente porque es incombustible, pero se diseña su envolvente para compensar las propiedades térmicas que lo hacen incómodo.
El Interior Japonés en los Alpes Australianos
El lenguaje interior de la Sawmill Treehouse contrasta de forma deliberada con la brutalidad metálica del exterior. Paredes, techos y suelos están completamente revestidos de madera de fresno victoriano (Victorian ash), una especie de eucalipto que produce una madera de grano fino y color miel muy apreciada en la carpintería australiana. Esta madera se extiende también a los muebles integrados —un sofá construido en el mismo fresno, las cubiertas de ventilación, las puertas interiores y los armarios—, creando una continuidad material que elimina cualquier frontera visual entre lo constructivo y lo decorativo.
El resultado es lo que el propio Walker describe como estética Japandi, una hibridación entre el minimalismo japonés y el funcionalismo escandinavo que en los últimos años ha pasado de ser una tendencia de interiorismo doméstico a convertirse en un lenguaje arquitectónico reconocible para espacios de retiro. En la tradición japonesa, la idea de ma —el espacio vacío como elemento positivo, como respiración de la arquitectura— está presente en la austeridad deliberada del programa: un dormitorio, una cocina, una sala. La critic Rosmarin, en Architecture AU, compara la experiencia de habitar este espacio con obras seminales del metabolismo japonés tardío: la Casa U Blanca de Toyo Ito (1976), la Casa Tanikawa de Kazuo Shinohara (1972) y la Villa Yamakawa de Riken Yamamoto (1976-77), todas ellas construcciones que «presentan más como un objeto que como un refugio».
La Ética de Construir Menos
Uno de los detalles más reveladores del proceso de diseño aparece casi al margen en las entrevistas con Walker, pero dice mucho sobre la ideología que subyace a todo el proyecto. El cliente, según el propio diseñador, ejerció presión durante la fase de proyecto para ampliar la superficie construida, argumentando que una cabaña más grande tendría mayor valor de reventa en un mercado inmobiliario de lujo rural en auge. Walker se negó. Su argumento fue que «construir menos y ser menos codicioso es quizá más importante incluso que las elecciones de materiales», una afirmación que en el contexto de la arquitectura sostenible resulta casi subversiva porque invierte la jerarquía habitual: primero reducir, después optimizar los materiales.
Esta posición tiene implicaciones que van más allá del caso concreto de Sawmill. El mercado de las bush cabins y los retiros de lujo en zonas naturales australianas ha experimentado un crecimiento explosivo desde la pandemia de 2020, con propietarios que invierten en maximizar superficies y amenidades para competir en plataformas de alquiler vacacional de corto plazo. La Sawmill Treehouse no está diseñada para ese mercado, aunque los propietarios sí la ofrecen como alojamiento temporal: está diseñada para una persona concreta, para una experiencia introspectiva específica, con una permanencia que Walker imagina más próxima a la meditación que al turismo.
La Normativa BAL y el Futuro de Construir en Zonas de Riesgo
El sistema australiano de Bushfire Attack Levels (BAL) clasifica las parcelas del 12,5 (riesgo bajo) al FZ (Flame Zone, riesgo extremo), y cada nivel establece materiales obligatorios, espesores de vidrio, tipos de juntas y sistemas de ventilación permitidos. La clasificación BAL 40 de Sawmill Settlement implica que la vivienda debe resistir no solo el calor radiante del fuego, sino también la lluvia de brasas que precede al frente de llamas, capaces de introducirse por cualquier abertura de más de 2 milímetros.
Para cumplir estos requisitos sin sacrificar la ventilación natural —que el sistema de lamas ya gestiona pasivamente—, Walker diseñó ventanas practicables con mosquiteras fijas incorporadas y rejillas de ventilación ubicadas de forma estratégica para bloquear el paso de brasas mientras permiten el flujo de aire. Este tipo de soluciones de ingeniería adaptativa se están convirtiendo rápidamente en la norma de facto para la arquitectura residencial en la franja de interfaz urbano-forestal australiana, donde los incendios de Black Summer de 2019-2020 destruyeron más de 3.000 viviendas y pusieron en evidencia que la mayoría de las casas construidas antes de 2010 eran fundamentalmente incompatibles con el nuevo régimen climático del continente.
La proyección a corto y medio plazo es clara: a medida que la zona de interfaz urbano-forestal se amplía por el efecto combinado del cambio climático y la expansión residencial hacia entornos naturales, proyectos como la Sawmill Treehouse dejarán de ser curiosidades arquitectónicas de nicho para convertirse en referencias normativas. La combinación de elevación para gestionar escorrentías, envolvente metálica incombustible, ventilación pasiva mediante geometría de fachada y austeridad programática deliberada ofrece un modelo replicable que varias firmas australianas ya están adaptando para el mercado de prefabricados de bajo coste, donde la misma lógica estructural está siendo ejecutada en acero galvanizado y madera CLT de pino para presupuestos que arrancan en los 83.000 dólares australianos.

