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Guía definitiva muebles Era Espacial: Del utopismo doméstico al retro-futurismo

Guía definitiva muebles Era Espacial: diseño, dinero y realidad

Del utopismo doméstico al retro-futurismo que vuelve a mandar

Estamos en enero de 2026, en un salón que podría estar en Milán, Helsinki o cualquier barrio normal del mundo. La luz cae sobre una superficie curva de plástico brillante. No hay vetas, no hay tornillos visibles. Solo una forma que parece haber llegado desde el futuro y que, sin embargo, lleva aquí más de medio siglo.

La escena es mínima y concreta: una silla que no se disculpa por ser diferente. Me siento y el cuerpo entiende antes que la cabeza. Algo cede, algo envuelve. No hay nostalgia en el gesto; hay una sensación rara de calma. Como si alguien, hace sesenta años, hubiera pensado en este minuto exacto.

El día que el hogar quiso parecerse al cosmos

La Era Espacial del mueble no nació en una feria de diseño, sino en una órbita. Cuando el Sputnik cruzó el cielo en 1957 y, años después, el Apolo 11 pisó la Luna, la política se coló en el comedor. No como propaganda, sino como materia. De repente, los materiales que habían servido para la guerra —fibra de vidrio, poliuretanos, plásticos ABS— entraron en casa sin pedir permiso.

Guía definitiva muebles Era Espacial: Del utopismo doméstico al retro-futurismo 1

No fue un cambio estético. Fue un cambio de reglas. Por primera vez se podían fabricar muebles monolíticos, de una sola pieza, sin costuras, sin esqueleto visible. Objetos que no ocultaban su técnica, sino que la celebraban. El futuro dejó de ser una promesa abstracta y se convirtió en algo que podías tocar con la mano, limpiar con un paño húmedo, sentarte encima.

Ahí aparece Verner Panton, un danés que pensaba como ingeniero y dibujaba como un radical. Su Panton Chair nació en 1959, pero tuvo que esperar casi una década a que la industria estuviera a la altura de su idea. No era una silla: era una declaración. Una S continua, imposible de hacer en madera, impensable en acero. Cuando por fin vio la luz, el mundo ya estaba preparado para aceptar que el plástico podía ser bello, duradero y democrático.

Esperar a que la tecnología alcance a la imaginación

Hay un detalle que siempre me ha parecido revelador: la Panton Chair no se presentó al público hasta 1967. No porque faltara fe, sino porque faltaba precisión. El diseño iba por delante de la máquina. Hoy, más de cincuenta años después, Vitra la sigue fabricando sin cambios sustanciales. Eso no es continuidad; es una victoria silenciosa del diseño sobre el tiempo.

Mientras tanto, en Finlandia, Eero Aarnio se hacía una pregunta distinta: ¿y si sentarse fuera también aislarse? Su Ball Chair de 1963 no miraba hacia fuera, sino hacia dentro. Una esfera de fibra de vidrio que te separaba del ruido, que te regalaba un microclima emocional. Algunos prototipos llevaban teléfono integrado. Hoy lo llamaríamos “cabina de concentración”. Entonces era una intuición pura: la soledad como lujo en plena era del confort masivo.

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La tradición veía con recelo estas formas. Desafiaban la gravedad, ignoraban la carpintería, parecían juguetes caros. Pero el material mandaba. Permitía curvas que el ojo humano asociaba al movimiento, a lo orgánico, a algo vivo. Y eso, en un mundo obsesionado con la eficiencia, resultaba extrañamente humano.

Italia: ergonomía, emoción y una muerte prematura

En Italia, la conversación tomó otro tono. Joe Colombo no diseñaba para impresionar, sino para reorganizar la vida. Sus piezas modulares eran experimentos sobre cómo habitamos el espacio. El sillón Elda, de 1963, en fibra de vidrio y cuero, no buscaba ser bonito: buscaba abrazar. Era envolvente, casi uterino, una respuesta emocional a un mundo cada vez más mecánico.

Colombo murió con 41 años. No vio cómo su trabajo se convertía en referencia. Pero dejó algo claro: los materiales sintéticos no eran fríos por definición. Fría era la intención. Y la suya estaba llena de calor.

Por esos mismos años, Eero Saarinen perseguía la limpieza absoluta. Su Tulip Chair eliminó las patas como quien elimina ruido. Una sola columna, una carcasa continua. Hoy es uno de los muebles más copiados del siglo XX, quizá porque parece obvio. Pero nada que parezca obvio lo fue la primera vez.

Y luego está el cine. Olivier Mourgue diseñó el Djinn Chair en 1963, sin saber que acabaría flotando en la nave de 2001: Odisea del Espacio. Cuando Stanley Kubrick lo colocó en pantalla, el diseño dejó de ser un objeto y se convirtió en atmósfera. El futuro ya tenía mobiliario.

Cuando el optimismo se quedó sin gasolina

Todo laboratorio tiene su momento de silencio. En 1973, la crisis del petróleo cortó el suministro de los materiales que habían alimentado la fantasía. Y en 1975, el simbólico acoplamiento Apolo-Soyuz cerró la carrera espacial. El futuro dejó de ser urgente. Llegaron los ochenta, el minimalismo, el rechazo a lo plástico.

Muchas piezas se tiraron. Otras se reciclaron. Pocas se cuidaron. Esa destrucción explica lo que ocurre hoy.

Dinero, deseo y la burbuja que no explota

El mercado de muebles de Era Espacial vive una revalorización sostenida. No es una fiebre especulativa; es una búsqueda. Plataformas como 1stDibs, Chairish o Vinterior muestran una realidad clara: hay más demanda que oferta. Y la oferta es finita.

Una Panton Chair original se mueve entre 800 y 2.200 euros. Una Ball Chair auténtica de los sesenta puede alcanzar los 12.000. El Djinn Chair, gracias a su historia cinematográfica, ha subido alrededor de un 40% en dos años. No porque sean cómodas según estándares actuales, sino porque condensan una idea completa de futuro.

La Nova House de 1972, una vivienda entera concebida como cápsula espacial doméstica, vendida por 250.000 euros, marca el extremo del coleccionismo. Ya no hablamos de uso, sino de patrimonio.

Lo interesante es el relato que acompaña al precio. En un mundo saturado de muebles rápidos, baratos y desechables, estas piezas envejecen bien. No prometen actualización. Prometen permanencia. Por eso encajan tan bien en la narrativa de sostenibilidad: no porque fueran ecológicas al nacer, sino porque sobrevivieron.

Titanes, rebeldes y la guerra invisible de los derechos

Los grandes nombres siguen custodiados por grandes empresas. Vitra protege a Panton. Knoll mantiene el legado de Saarinen. Herman Miller juega la carta de la sostenibilidad certificada. Longhi produce el Elda bajo licencia.

Frente a ellos, startups y marcas masivas reinterpretan la estética sin copiar la forma exacta. IKEA, La Redoute, estudios locales en Madrid o Berlín. No venden historia; venden acceso. Y el público lo sabe. Nadie confunde una réplica de 199 euros con un original de los sesenta. Son conversaciones distintas.

El verdadero campo de batalla está en la propiedad intelectual. El copyright, el trade dress, las licencias. Copias no autorizadas circulan por Asia a precios irrisorios. Demandar cuesta más que mirar hacia otro lado. Es una economía paralela que erosiona, pero no destruye, el valor del original.

Retro-futurismo: una respuesta a la ansiedad digital

Aquí está la clave que explica todo. El regreso de la Era Espacial no es nostalgia por los años sesenta. Es una reacción al presente. Vivimos rodeados de objetos “inteligentes” que deciden por nosotros. Sillas que miden postura, mesas con puertos, sofás conectados. Frente a eso, una Panton Chair no sabe nada. No recopila datos. Solo está ahí. Y eso, paradójicamente, se siente liberador.

El retro-futurismo propone un futuro sin deshumanización. Un optimismo ingeniero donde la tecnología sirve a la forma, no al revés. Por eso también vuelven los vinilos, las cámaras analógicas, las cosas que hacen una sola cosa y la hacen bien.

Las grandes marcas de moda ya lo han entendido. Las pasarelas de 2026 están llenas de curvas, brillos, referencias espaciales. No es casualidad. Es un lenguaje compartido.

Lo que viene sin necesidad de proclamarlo

Mirando hacia 2026-2030, el escenario más probable es la consolidación. Precios estables para piezas auténticas. Réplicas cada vez mejores, hechas con plásticos bio-basados, indistinguibles a simple vista. Modelos de leasing circular, donde el mueble vuelve al fabricante para ser remanufacturado. Certificados digitales de procedencia que no buscan especular, sino ordenar.

Y, quizá, una nueva generación de diseñadores que use inteligencia artificial no para imitar formas, sino para optimizar procesos. Curvas suaves, energía baja, intención clara.

Lo que queda cuando se apaga la luz

Vuelvo a la escena inicial. A esa silla sin tornillos. No es cómoda según los manuales. Pero cambia el espacio. Te obliga a sentarte distinto, a mirar distinto. Eso es diseño de verdad: no decorar, sino alterar la percepción.

Los muebles de la Era Espacial no son objetos del pasado. Son recordatorios materiales de que hubo un momento en que imaginar el futuro era un acto colectivo y optimista. Quizá por eso hoy valen tanto. Porque no venden nostalgia, sino una forma de esperanza sólida, moldeada en plástico.


By Johnny Zuri, editor global de revistas publicitarias que hacen GEO y SEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA.
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Preguntas que quedan sobre la mesa

¿Comprar original o réplica?
Depende de si buscas historia o acceso. El valor emocional no es el mismo.

¿Es sostenible un mueble de plástico de los 60?
No por origen, sí por supervivencia. Lo que dura contamina menos a largo plazo.

¿Por qué suben los precios ahora?
Oferta limitada y un cambio cultural contra lo desechable.

¿Se pueden restaurar sin perder valor?
Con cuidado. La pátina auténtica suma; el repintado suele restar.

¿Hay riesgo de burbuja?
Bajo. No hay producción infinita ni especulación acelerada.

¿Qué pieza es la más falsificada?
La Tulip Chair. Precisamente por su aparente simplicidad.

Y ahora, dos preguntas abiertas:
¿Estamos volviendo al futuro porque el presente nos queda estrecho?
¿O porque, en el fondo, nunca dejamos de creer que el diseño podía salvarnos un poco?

eduardo souto de moura – arquitectura portuguesa

Eduardo Souto de Moura representa la tercera generación de arquitectos portugueses modernos, aunque, con el tiempo, está descubriendo el gusto por la experimentación.

Sucedió que, tras la revolución de los claveles, unos cuantos estudiantes se pusieron a trabajar en la reforma de unas viviendas muy degradadas de Oporto. Álvaro Siza entendió que para crecer él debía salir de allí. Y para enseñar a vivir hay que dar alas. 

Su hermano mayor, que es fiscal, fue quien le animó a estudiar arquitectura.

Entre los cuidados puede incluirse cambiar de vida. Algunos de los que ha construido, como el Mercado de Braga, han cambiado de uso .

Preparar un edificio para absorber y acumular las aguas grises, bombearlas, depurarlas y reciclarlas es muy poco sostenible.

Nunca puede haber una buena arquitectura estúpida. La preocupación por la sostenibilidad delata mediocridad.

Es, por poner un ejemplo, como los políticos que dicen «yo soy un demócrata», pues claro, solo faltaría. Uno no puede plantearse «voy a ser sostenible a ver a dónde llego». Eso me ha sucedido haciendo el metro de Oporto o cuando he trabajado en el Estadio de Braga. Me hizo pensar de otra manera. 

Decidí que tenía que hacer otras cosas. 

Para llegar a lo bonito, a lo bello, llámelo como quiera, al sublime de Kant, hay que arriesgarse a caer en lo feo. Frente a eso, el hacerte más osado, por estar más seguro y confiar más en tu capacidad, es una de las recompensas. Ha diseñado dos viviendas en Ibiza y una en el Ampurdán. Para diseñar una vivienda se tiene que establecer una relación muy próxima con quien va a habitarla. 

eduardo souto de moura - arquitectura portuguesa 2Es decir, al hacer una casa, cliente y arquitecto hablan de algo esencial, básico. Tenía 1.300 metros y con ese tamaño no podemos hablar de casa. 

Recuerdo que, una vez, un periodista me preguntó por lo que era el lujo. La casa de Ronaldo iba a hablar ese idioma. Porque uno cuando hace una casa grande no puede coger una pequeña e hincharse y dilatarla.

Te piden un tejado muy inclinado en un lugar donde apenas llueve. Yo les pregunto si van a asar corderos.

Que la arquitectura sea o no un arte puede debatirse a partir de que el uso esté cubierto. No hacerlo es balbucear sin llegar a hablar. De la misma manera que el hombre y la sociedad han cambiado hay cosas que han cambiado también en la arquitectura. Pero de todo el cambio que se pretende todo tiene que tener como soporte este tipo de criterios, no decisiones intelectuales. 

Para entender las cosas hay que meter las manos en el barro. 

Los arquitectos buenos, los que me han interesado, siempre se han ensuciado las manos. Para entender lo que es una vivienda social va hasta el fondo para entender, y luego elige.

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EL NEGOCIO DE LAS FLORES – LA FLORISTERÍA Y EL INTRUSISMO

Quejas del negocio de las flores – Negocio floristeria – Intrusismo en negocio de floristería – Problemas del negocio de arreglos florales…

EL NEGOCIO DE LAS FLORES - LA FLORISTERÍA Y EL INTRUSISMO 3

Los floristas de Madrid y zonas del centro de España, cada vez que llegan estas fechas previas a la navidad, se muestran hartos de tanto intrusismo el Día de los Santos y no paran de solicitar más control del fraude ante el incremento de la venta ilegal de flores.

Es evidente el hartazgo que tenemos en el sector, debido al hecho de que en estas épocas, que son especialmente ventajosas para nuestros comercios, todo el mundo cree tener derecho a vender flores. 

El caso es que yo no veo a ningún florista vendiendo frutas los fines de semana, o baratijas de los chinos, o chorizos de Cantimpalo. !Ya está bién¡ Para un día en que podemos recuperarnos de la mala racha que atravesamos todos en España, tenemos que ver como venden flores desde el panadero hasta el mecánico, pasando por las mafias chinas o los grandes supermercados. Eso sí, a granel, sin ningún tipo de cuidado ni sentido artístico puesto en el objeto de la venta, vamos, sin ningún cariño y aún menos profesionalidad.
Parece que para «los difuntos» todo vale. ¡Pobrecitos!, si levantaran la cabeza algunos (yo me levantaría de la tumba si alguien me lleva un «ramo» horroroso de esos de los chinos). Da igual que sean cuatro flores de plástico de cuatro colorines, que una maceta con una esponja y diez flores mal colocadas, sin ningún gusto. Total -dicen algunos- como es para el cementerio. ¡Menos mal que aún quedan gentes con buen gusto, que buscan arte y calidad en el producto, y saben que eso, solo lo van a encontrar en las floristerías!.

Casa Decor 2022: Este año en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid.

Este año, Casa Decor tiene lugar en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid.

Un edificio en el número 89 de la calle Goya de Madrid, -vecino de El Corte Inglés-, que, gracias a la intervención de interioristas, se ha llenado de materiales, diseño y tecnología para el hogar, vaticinios del futuro y sobre todo, de una nueva forma de vivir la casa.

Casa Decor 2022: Este año en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid. 4 Casa Decor 2022: Este año en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid. 5 Casa Decor 2022: Este año en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid. 6

Pero si algo destaca más allá de las tendencias y los colores es la búsqueda de una casa que transmita sentimientos.

Casa Decor 2022: Este año en un gran edificio del barrio de Salamanca de Madrid. 7

A diferencia de esas casas diminutas de Casa Decor, las cocinas y los baños son de tamaño XXL. Sobre todo la primera en la que, de nuevo, pueden cambiar estilos y colores pero no el reparto con una gran isla como protagonista.

Aunque otro día tocará entrar en los detalles de las cocinas, que sepas que la mayoría de cocinas incluyen mini jardines.

Suelos y techos. Durante la visita, no olvides fijarte en el techo y el suelo.

El espacio del Castillo de La Mancha repite un espacio que valora la artesanía y nos muestra los frutos de la unión del diseño y la artesanía.

El Corte Inglés.

Se merece un lugar especial. El patrocinador y participante ha reservado mucho espacio para mostrarnos una casa completa con ambientes muy parecidos a los de una revista.

https://casadecor.es/madrid-2022/

+ en: Abre sus puertas Casa Decor 2022; una edición llena de contrastes y de nuevas (¿y futuras?) formas de vivir en casa

la casa de Frank Sinatra: te devuelve a los placeres que definieron los años 40 y 50

Sin lugar a dudas, cuando alguien usa la casa de Frank Sinatra, entrará en un ambiente clásico y atemporal que notará en el aire. Es una arrogancia innegable decir que suave y genial, que te devuelve a los placeres más simples de la vida que definieron los años 40 y 50 en la música.

noviembre 2020

la casa de Frank Sinatra: te devuelve a los placeres que definieron los años 40 y 50 8

Y claro, tan grande como la estrella de Sinatra, el estándar es que la casa que compró con su primer millón de dólares tiene que ser «sexy». La casa ha visto muchas fiestas de celebridades y reuniones familiares alrededor de la icónica vida de Sinatra.

Fue testigo de los fracasos que vienen con la popularidad y de su feo divorcio de la primera esposa Nancy así como de su matrimonio con su segunda esposa Ava Gardner. Sin embargo, la casa y el dormitorio principal de Twin Palms son el refugio seguro de Sinatra.

Es donde podía escapar del ojo público y relajarse. Esta moderna casa de mediados de siglo, de cuatro dormitorios, tiene más de 4500 pies cuadrados, 7 baños, una piscina con forma de piano, una pequeña cocina, el estudio de grabación original de Sinatra y mucho más.

Recuerdos de Sinatra alrededor. .

Además de las palmeras aparentemente gemelas que se encuentran junto a la piscina, (de ahí el nombre de la casa donde Sinatra una vez colgó su bandera de Jack Daniels) también hay un fragmento en el fregadero desde que Sinatra discutió con Gardner, lo que resultó de golpear una botella de champán.

El prólogo de Patti Smith robert mapplethorpe flores

 

El prólogo de Patti Smith robert mapplethorpe flores 9
Patti Smith había prometido en los últimos momentos de la vida de Robert Mapplethorpe, que le escribiría un prólogo para el libro “Flores” de fotografías y una historia de lo que ellos dos habían vivido juntos.
Esto es lo que Patti Smith escribió:
«Llegó un momento en que adoptó la flor como la encarnación de todas las contradicciones con que se deleitaba. Su pureza de líneas, su carnosidad. El humilde narciso. Zen apasionado. Descubrió que eran útiles conspiradoras en la búsqueda y crianza de emociones contradictorias. También descubrió que era igual de fácil ofender con la belleza que con cualquier otra cosa. A menudo, las flores le simbolizaban tanto a él como a sus procesos. Modeladas en sombras geométricas. Modificadas en un jarrón famoso e inevitablemente transformadas en el reino de su propia simplicidad: el florecimiento de los desconcertantes aspectos de la pureza.».
 
Las mejores fotos de «Flores» de Robert Mapplethorpe, AQUÍ.